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La vinculación hipotecaria

La llegada de la crisis y la fuerte restricción crediticia provocó que las entidades financieras buscaran otro tipo de clientes para su negocio. El mercado hipotecario tradicional estaba seco y los bancos y las cajas de ahorros tenían que asegurarse sus ingresos. En primer lugar, pusieron el ojo en la competencia y lanzaron multitud de subrogación con condiciones muy atractivas (cuyo objetivo no era otro que atraer a los clientes más solventes que ya tenían su préstamo sobre vivienda en otra organización).

Pero, además, de forma paralela se inició un proceso para incrementar en los contratos hipotecarios las vinculaciones que ligan al firmante con el banco. De está forma, se multiplicaron los seguros exigidos, los planes de pensiones u otros activos; la mayoría de los cuales se ofertaban con la excusa que cuantos más se contrataran más bajo sería el diferencial que se aplicaría sobre el Euribor en el tipo de interés.

Una situación que provoca que numerosas personas hayan establecido una auténtica relación de dependencia de la entidad financiera; puesto que ésta maneja un importante número de activos del cliente que la vinculan a ella prácticamente de por vida. Además, estos productos dificultan aún más el traslado de un crédito sobre un inmueble de una organización a otra, puesto que los gastos a asumir son más elevados.

Y es que el cliente, a la hora de contratar una hipoteca, es indispensable que mire el grado de vinculación que se le exige. Y, sobre todo, que compare; ya que el coste de los productos adicionales puede ser en muchos casos superior al ahorro que conlleva un diferencial más bajo (sin que, además, los activos que se contraten aporten ningún beneficio real al firmante).

Por ello, ante esta situación, algunas entidades financieras han optado por contrarrestar al mercado y recortar las vinculaciones. Es el caso de algunas hipotecas como Hipoteca Rompedora de Deutsche Bank, Hipoteca de Uno-e o Hipoteca de Bancopopular-e.

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