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Mayor recesión si no se frena el desempleo

El Banco Mundial ha indicado que la economía mundial entrará en una recesión aún mayor de la vivida si no se frena la destrucción de empleo y la inactividad en términos de producción.

La deflación amenaza y la caída de la demanda es cada vez mayor, un gran número de desempleados nuevos que no podrán ser reubicados amenazando con enquistar no solo el desempleo actual sino también la producción de las economías.

Si no se pone freno a esta situación la morosidad y los cierres de empresas llevarán a una caída aún mayor de la demanda, que encierra una caída más brusca de los precios por lo que la deflación sería una realidad y la crisis se agudizaría y tardaría mucho más en ser solventada.

Por países la producción industrial se ha reducido en porcentajes alarmantes un 72% Alemania, 69% EEUU, 65% Japón y más de un 80% España.

Valores que son los más críticos de los últimos 70 años. Una de las diferencias con otras crisis que más preocupa al Banco Mundial es que, en esta ocasión, los países no tienen opción de recuperar la actividad al tratarse de una crisis mundial.

La producción, consumo y demanda interna son las opciones que tienen los países para que su productividad no desaparezca.

Los despidos masivos seguirán produciéndose y se vivirán situaciones críticas en términos de derechos humanos y exclusión social.

España es uno de los países que más amenaza tiene de abrir una brecha de desigualdad en la sociedad, trabajadores de sectores como servicios, hostelería, inmobiliaria, construcción, etc., amenazan con enquistarse ya que las nuevas tendencias y nuevos modelos de negocio van por otros caminos que impiden la reinserción laboral de estos colectivos.

España además, sufre las consecuencias de un crecimiento país basado en el crédito por lo que la producción, demanda y consumo interno tampoco sirve para mantener a la economía mientras se resuelve la crisis global.

Las previsiones del Banco Mundial ponen de manifiesto una realidad cruda a la que sin duda España deberá enfrentarse a la vuelta del verano y cuyos primeros brotes, no verdes precisamente, hemos conocido ya de la mano de la Seguridad Social y la suspensión del aplazamiento de cuotas por parte de las empresas.

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