Hambre en España: La crisis social cada vez más cerca
Es absolutamente necesario en todo proceso de cambio llegar a un punto de aceptación. La aceptación de la gravedad de la situación a la que nos enfrentamos es imprescindible para empezar a resolverlo.
En España no hay trabajo, no hay dinero, no hay crédito. Los índices de morosidad están disparados y el número de casas vacías esperando subastas vacías se cuenta por miles.
La deuda pública es tan elevada que nuestros nietos continuarán pagándola con sus impuestos.
El desempleo aún no ha alcanzado su cota más alta y lo que es peor aún, el sistema productivo español está completamente obsoleto.
Bruselas advierte a España, lo que hablando en plata significa, o corriges o te vas.
La Seguridad Social está en vías de extinción, con un modelo sustentado los últimos diez años por los inmigrantes que ahora han regresado a sus países de origen con la nacionalidad española y la pensión de invalidez debajo del brazo (gracias a la precariedad de las condiciones en las que trabajaron) sin intenciones de volver porque 1.- Fueron muy mal tratados y 2.- Porque la situación aquí es peor que en sus países.
Así las cosas y partiendo de estas premisas que, irremediablemente deben ser aceptadas y acometidas, tenemos otra que no podemos olvidar.
Las familias españolas tienen hambre, “ayudas básicas para subsistir”… así se llaman ahora pero el significado es claro, hambre, frío, y necesidades básicas a la intemperie y, nunca mejor dicho, porque ni techo van teniendo muchas de ellas.
Noticias aisladas y en columnas pequeñas que no dejan de mostrar lo crítico y grave de la situación. Cáritas alerta – aproximadamente una vez al mes- del incremento de solicitud de ayudas. ¡Un 90% más de solicitudes de ayuda que hace poco más de un año! han registrado las casas de caridad, y un 66% más para hacer frente a los pagos de la vivienda- hipoteca o alquiler. Dramático y crítico.
Falta de atención y desidia es lo que se recibe del gobierno, como máximo responsable y de los organismos públicos como responsables directos.
Denuncias de las personas que son derivadas de unas ventanillas a otras sin que se ofrezcan soluciones reales.
Denuncias con tintes sociales muy graves que en el ejercicio de la aceptación del problema como punto de partida sobre el que centrar la acción, podría denominarse un atentado contra los derechos humanos. Los presupuestos destinados a ayudas básicas no se han modificado desde hace más de tres años, lo que demuestra lo poco que importa esta situación a los “poderosos”.
Y los plazos… al más puro estilo administración pública: 100 días entre la solicitud y la concesión, 100 días en los que las familias no se visten, no comen y duermen en la calle.
Cuidado… la paciencia tiene un límite. Eso, en términos claros y entendibles es: “dejar a las familias en la cuneta” y eso, además de ser contrario a las “promesas” de nuestro presidente del gobierno, es muy arriesgado en términos de seguridad de una sociedad.
Los peligros de tener una sociedad que pasa hambre aún no se han dimensionado.

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