La reunificación, como última solución
Durante los años de bonanza económica, muchas familias apostaron de una manera excesiva por la reunificación de deudas, considerando que de esa manera conseguían solucionar sus problemas económicos y financieros y obtenían una manera fácil de seguir hacia adelante en sus vidas.
Sin embargo, de lo que mucha gente no se dio cuenta entonces, y ahora parece que comienzan a recapacitar sobre ello, es que al realizar un proceso de reunificación de deudas se cae en un círculo vicioso del que luego es muy difícil de escapar, por lo que esta opción debe de ser utilizada con suma cautela.
Es evidente que al realizar una reunificación de deudas se consigue un ahorro en el corto plazo, de manera que las cuotas que se tienen que pagar mes a mes se ven reducidas de manera importante, pero el problema viene en el medio-largo plazo, ya que al final se acaban pagando más intereses en términos globales y la deuda se alarga en el tiempo, perpetuando la deuda que se mantiene.
Lo ideal es, en primer lugar, no endeudarse en exceso, es decir, no utilizar los préstamos personales y al consumo como un método de obtención de liquidez rápida, sino como una solución sólo para casos de extrema emergencia, ya que los elevados tipos de interés que cargan deberían incitar a su no utilización.
Aunque eso sí, si se cae en una situación extrema de la que no hay salida, siempre es mejor intentar reunificar o refinanciar deuda, antes de optar por un préstamo al consumo.
